Capítulo 1º. Harry Potter y la Orden del Fenix.
Esto se lo debemos al talento y a la solidaridad de Marine, Tiz, Prue, malfoy_hermione14 y un invitado desconocido. Que se puede decir, que sois geniales!!!!!!!!!!
Además tenemos un nuevo corrector que se encarga de la ortografía y las posibles erratas. Les presento a ...Carlos.
Como ven somos muy "pofesionales"
Venga, a disfrutar:
Primer capítulo: Dudley enloquecido
El día más caluroso del verano hasta ahora se dibujaba en un adormilado silencio sobre las casas grandes y cuadradas de Privet Drive. Los coches, normalmente relucientes estaban ahora polvorientos, y el césped que una vez había sido verde esmeralda ahora aparecía reseco y amarillo; el uso de las mangueras había sido prohibido por la sequía. Privados de sus usuales lavados de coche y del riego y arreglo de sus jardines, los habitantes de Privet Drive se habían retirado al interior de sus frescas casas, con la esperanza de que a través de las anchas ventanas llegara algo de la inexistente brisa. La única persona que estaba fuera era un adolescente el cual estaba tumbado aplastado sobre su espalda en un arríate en el número cuatro.
Él era un chico delgado, de pelo negro, con gafas, y que tenía el aspecto cansado, ligeramente insano de quien ha crecido mucho en poco tiempo. Sus vaqueros estaban sucios y rasgados, su camiseta floja y descolorida, y las suelas de sus botines se estaban desprendiendo de su sitio. La apariencia de Harry Potter no atraía a sus vecinos, que eran el tipo de personas que pensaban la apariencia desaliñada debía ser perseguida por la ley, pero como se había escondido debajo de un gran arbusto de hortensia esa tarde, era invisible para todos los que pasaran por allí. De hecho, la única forma en que podía ser visto era si Tío Vernon o Tía Petunia sacaban sus cabezas por la ventana del salón y miraban al arriate de debajo.
En general, Harry pensaba que su idea de esconderse allí era para felicitarse. No se estaba, quizás, muy confortable allí tumbado en la caliente y dura tierra pero, por otro lado, nadie iba a mirarlo allí, ni a rechinar sus dientes tan fuerte para que no pudiera oír las noticias, o a hacerle desagradables preguntas, como pasaba cada vez que intentaba sentarse en el salón a ver la tele con su tía y su tío.
Casi como si su pensamiento hubiera revoloteado a través de la ventana abierta, Vernon Dursley, el tío de Harry, habló.
Me alegro de ver que el chico ha parado de intentar interrumpir. ¿Dónde está, de todos modos?”
No lo sé -- dijo Petunia sin preocuparse - No está en la casa.
Tío Vernon gruñó.
Ver las noticias... - dijo mordazmente - Me gustaría saber qué es lo que en realidad quiere. Como si un chico normal se interesara por las noticias –Dudley no debe saber nada de lo que está pasando; dudo que sepa quién es el Primer Ministro! De todas formas no debe haber nada de sus noticias en nuestras noticias”
Vernon, shh! - dijo Tía Petunia - La ventana está abierta!
Oh, sí, perdona querida.
Los Dursley se quedaron en silencio. Harry podía escuchar el tintineo del desayuno “Fruit ‘n’ Bran” mientras veía a la señora Figg., una chiflada amante de los gatos del cercano Paseo de Wisteria. Ella estaba frunciendo el ceño y refunfuñando sola.
Harry estaba muy complacido de haberse escondido detrás del arbusto, ya que la señora Figg había tomado la costumbre de pedirle que fuera a tomar el té cuando se lo encontraba por la calle. Ella había girado la esquina y había desaparecido de la vista antes de que la voz de Tío Vernon se oyera de nuevo en la ventana.
¿Dudders está fuera para el té?
En el Polkisses - dijo Tía Petunia cariñosamente. - Tiene muchos amiguitos, es muy popular...
Harry reprimió un bufido con dificultad. Era realmente increíble lo estúpido que eran los Dursleys con su hijo, Dudley. Se tragaban todas las mentiras que su hijo les contaba acerca de ir a tomar el té con diferentes miembros de su pandilla todas las noches en las vacaciones de verano. Harry sabía perfectamente que Dudley no había estado tomando el té en ningún sitio; él y su pandilla pasaban las tardes destruyendo el parque infantil, fumando en las esquinas de las calles y tirando piedras a los coches y a los niños. Harry les había visto durante sus paseos vespertinos por Little Whinging; él había pasado la mayoría de las vacaciones deambulando por las calles, buscando recortes de periódico en las papeleras a lo largo del camino.
Las notas musicales de apertura del telediario de las siete hicieron que las orejas de Harry se alargaran y que su estómago se sacudiera. Quizás esta noche, después de un mes de espera, sería la noche.
“Record de veraneantes llenan los aeropuertos de España, la huelga de los controladores de equipaje se halla en su segunda semana”
Tomándose una larga siesta, es lo que yo haría - gruñó Tío Vernon al final de la frase del periodista, pero no había problema: fuera en el arriate, el estómago de Harry se desapretó. Si algo había pasado habría aparecido con seguridad en la primera noticia; la muerte y la destrucción eran más importantes que los veraneantes.
Lanzó un lento suspiro y miró fijamente al brillante cielo azul. Todos los días del verano había sido lo mismo: la tensión, la expectación, el alivio momentáneo, y luego la creciente tensión de nuevo... y siempre, volviéndose más insistente cada vez, la misma pregunta, por qué no había pasado nada todavía.
Se mantuvo escuchando, sólo para el caso de que hubiera algunas pequeñas pistas, no reconocidas realmente por los Muggles –una inexplicable desaparición, quizás, algún accidente extraño... pero la huelga de los controladores de equipaje fue seguida por noticias sobre la sequía en el Sureste. Espero que esté escuchando detrás de la puerta! - bramó Tío Vernon. Él con sus rociamientos a las tres de la mañana!. luego un helicóptero casi había chocado en un campo de Surrey, luego el divorcio de una famosa actriz de su famoso marido (Como si estuviéramos interesados en sus sórdidos asuntos - sorbió Tía Petunia, quien había estado siguiendo el caso obsesivamente en cada revista donde podía poner sus huesudas manos).
Harry cerró sus ojos contra el ahora brillante cielo de la tarde mientras el periodista decía: “-y finalmente, Bungy el periquito, ha encontrado una forma de mantenerse fresco este verano. Bungy, quien vive en las Cinco Plumas en Barnsley, ha aprendido ski acuático! Mary Dorkins nos lo cuenta.”
Harry abrió sus ojos. Si habían llegado a poner cómo un periquito hacía ski acuático, no debería haber nada más que mereciera la pena escuchar. Rodó cautelosamente y se levantó sobre sus rodillas y codos, preparándose para andar a gatas por debajo de la ventana.
Se había movido dos pulgadas cuando varias cosas pasaron en un momento.
Un fuerte y resonante crack rompió el silencio como un disparo; un gato salió de debajo de un coche aparcado y desapareció de la vista; un chillido, un juramento y el sonido de porcelana al romperse salió del salón de los Dursley, y pensando que era la señal que Harry había estado esperando saltó al mismo tiempo que sacaba su varita de la cinturilla de sus vaqueros como si estuviera empuñando una espada. Pero antes de que pudiera levantarse del todo, su cabeza chocó contra la ventana abierta de los Dursley. El crash resultante del choque hizo chillar fuertemente a Tía Petunia.
Harry sintió como si su cabeza se hubiera partido en dos. Con los ojos llorosos se balanceó intentando enfocar la calle para divisar el origen del ruido, pero apenas se había puesto en posición vertical cuando dos grandes manos púrpuras pasaron a través de la ventana abierta y se cerraron cuidadosamente sobre su garganta.
¡Pon eso lejos! - Gruñó Tío Vernon en la oreja de Harry. “¡Ahora! ¡Antes de que nadie lo vea!”
“¡Déjame!” jadeó Harry. Por unos segundos forcejearon, Harry tirando de los dedos como salchichas de su tío con su mano izquierda, la derecha manteniendo en riste firmemente su varita; después el golpe de su cabeza palpitó de forma particularmente desagradable, Tío Vernon gritó y se soltó de Harry como si hubiera recibido una descarga eléctrica. Una fuerza invisible parecía haber surgido de su sobrino, haciéndolo imposible de atrapar.
Jadeando Harry cayó hacia delante del arbusto de hortensia, se irguió y miró alrededor. No había señales de qué había causado el ruido anterior, pero había algunas caras asomadas a través de algunas ventanas cercanas. Harry guardó su varita en la parte de atrás de sus vaqueros y trató de parecer inocente.
“¡Una tarde encantadora!” gritó Tío Vernon, mirando a la señora del número siete, que estaba mirando airadamente detrás de sus cortinas. “Han oído el petardo de ese coche? Nos ha dado un susto a Petunia y a mí!”
Continuó sonriendo de oreja a oreja de una forma horrible, maniática hasta que todos los curiosos vecinos desaparecieron de sus ventanas, entonces la sonrisa se transformó en una mueca de cólera cuando le hizo señas a Harry para que le siguiera.
Harry se movía a unos pasos de él tomando cuidado de pararse lo suficientemente separado para que las manos de Tío Vernon no pudieran estrangularle.
“¿Qué diablos quieres conseguir, niño?” preguntó Tío Vernon con una voz que temblaba de furia.
“¿Qué quiero conseguir de qué?” dijo Harry fríamente. Siguió mirando a derecha e izquierda de la calle, todavía esperando ver la persona que había hecho ese chirriante sonido.
“Montando un alboroto como si alguien hubiera disparado con una pistola fuera de nuestra...”
“Yo no hice ese ruido” dijo Harry firmemente.
La cara delgada, de caballo de Tía Petunia apareció detrás de la ancha y morada de Tío Vernon. Estaba lívida.
“¿Por qué estabas acechando bajo nuestra ventana?”
“Sí, sí, buen punto, Petunia! Qué estabas haciendo bajo nuestra ventana chico?”
“Escuchando las noticias” dijo Harry con voz resignada.
Su tía y su tío cruzaron una mirada.
“¿Escuchando las noticias? Otra vez!”
“Bien, cambian todos los días, no?” dijo Harry.
“¡No te pases de listo conmigo niño! Quiero saber qué es lo que realmente estabas haciendo- y no me digas más que estabas escuchando las noticias! Sabes perfectamente que tu mundo...”
“Cuidado Vernon!” dijo Petunia, y Tío Vernon bajó su voz tanto que Harry apenas le oía, “tu mundo no está en nuestras noticias!”
“Eso es lo que tú te crees” dijo Harry.
Los Dursley lo miraron unos segundos, luego Tía Petunia dijo, “Eres un desagradable mentiroso. ¿Qué pasa con todas esas...” ella también bajó su voz tanto que Harry tuvo que leer de sus labios la siguiente palabra “... lechuzas no te traen las noticias?”
“¡Ahá!” susurró Tío Vernon triunfantemente. “¿Qué me dices de eso? como si no supiéramos que esos pestilentes pájaros traen las noticias!”
Harry dudó por un momento. Le costaba un poco decir la verdad esta vez, incluso pensaba que su tía y su tío no podrían posiblemente saber lo mal que se sentía al admitirlo.
“Las lechuzas... no me están trayendo noticias” dijo en tono apagado.
“No puedo creerlo”, dijo Tía Petunia en el acto.
“Yo tampoco”dijo Tío Vernon vigorosamente.
“Sabemos que estás haciendo algo divertido” dijo Tía Petunia.
“No somos estúpidos, lo sabes”, dijo Tío Vernon.
“Bueno, eso es nuevo para mí”, dijo Harry, su enfado aumentaba, y antes de que los Dursley pudieran llamarlo de vuelta, había empujado la puerta y atravesado el césped, pasado por encima de la baja tapia del jardín y estaba dando grandes zancadas calle arriba.
Se había metido en un lío y lo sabía. Tendría que dar la cara ante su tía y su tío después y pagar el precio de su grosería, pero no tenía que tener mucho cuidado por el momento; tenía asuntos más apremiantes.
Harry estaba seguro que el chirriantes ruido había sido hecho por alguien Apareciéndose o Desapareciéndose. Era exactamente el sonido que Dobby el elfo doméstico hizo cuando se desapareció en el aire. ¿Sería posible que Dobby estuviera allí en Privet Drive? ¿Podría Dobby estar siguiéndolo en ese momento? Cuando este pensamiento se le ocurrió se dio la vuelta y miró fijamente hacia abajo de Privet Drive, pero aparecía completamente desierta y Harry esta seguro de que Dobby no sabía cómo volverse invisible.
Anduvo apenas consciente de la ruta que estaba tomando, por esas calles que tan asiduamente había recorrido últimamente que sus pies le llevaron a sus lugares predilectos automáticamente. Cada pocos pasos se volvía a mirar sobre su hombro. Algo mágico había estado cerca de él cuando estaba tumbado a lo largo de las agonizantes begonias de Tía Petunia, estaba seguro de ello. ¿Por qué no habían hablado con él, por qué no habían establecido contacto, por qué se estaban escondiendo ahora?
Y después con su máximo sentimiento de frustración, estuvo cerca de escaparse.
Quizás no había sido un sonido mágico después de todo. Quizás estaba tan desesperado por cualquier signo de contacto del mundo al que pertenecía que estaba simplemente reaccionando desmesuradamente ante ruidos perfectamente ordinarios. ¿Podía estar seguro de que no había sido el sonido de algo rompiéndose en el interior de la casa de un vecino?
Harry sintió un apagado presentimiento en su estómago y antes de darse cuenta, el sentimiento desesperado que había estado importunándole todo el verano, apareció de nuevo.
A la mañana siguiente se levantaría por la alarma a las cinco en punto y podría pagar a la lechuza que le traía El Profeta pero ¿había alguna razón para seguir obteniéndolo? Harry simplemente echaba una mirada a la portada antes de tirarlo a un lado como los demás días; cuando los idiotas que trabajaban en el periódico por fin se dieran cuenta de que Voldemort había vuelto, sería un titular de primera página, y eso era lo único de lo que tenía cuidado Harry.
Si fuera afortunado, habría también lechuzas trayendo cartas de sus mejores amigos Ron y Hermione, con la expectación de que sus cartas no le trajeran las noticias que había llegado hasta ahora.
No podemos decir mucho sobre tú-ya-sabes-qué, obviamente... No hemos estado contando nada importante por si nuestras cartas van por mal camino... Estamos un poco ocupados pero no puedo darte los detalles aquí... Hay una cosa importante sucediendo, te lo contaremos todo cuando te veamos...
¿Pero cuándo iban a verle? Nadie había dicho algo parecido a una fecha concreta. Hermione había garabateado Espero que nos veamos muy pronto en el interior de su tarjeta de cumpleaños, ¿pero pronto cuánto pronto era? Tan lejos como él podía traslucir de sus cartas, Hermione y Ron estaban en el mismo sitio, presumiblemente en la casa de los padres de Ron. Él apenas podía aguantar pensar en los dos divirtiéndose en La Madriguera mientras el estaba atrapado en Privet Drive. De hecho, estaba tan enfadado con los dos que había tirado lejos, sin abrirlas siquiera, las dos cajas de chocolates de Honeydukes que le habían enviado por su cumpleaños. Se había arrepentido luego, después de la marchita ensalada que Tía Petunia había proporcionado para la pasada cena. ¿Y con qué estaban Ron y Hermione ocupados? ¿Por qué no estaba él, Harry, ocupado? ¿No había probado su capacidad de control mucho más que ellos? ¿Habían olvidado todo lo que él había hecho? ¿No había sido él quién había entrado en el cementerio y había visto a Cedric siendo asesinado, y había estado en esa lápida donde casi murió?
No pienses sobre eso, se dijo Harry a sí mismo con severidad por centésima vez en ese verano. Ya era suficientemente malo estar recordando el cementerio en sus pesadillas, sin tener que rememorarlo en sus momentos despierto también.
Giró en la esquina hacia Magnolia Crescent; a la mitad del camino pasó delante del estrecho callejón donde había visto a su padrino por primera vez. Sirius, al menos, parecía entender cómo se sentía Harry. Hay que admitir que sus letras estaban tan vacías de noticias como las de Ron y Hermione, pero al menos contenían palabras de precaución y consolación en lugar de atormentantes indirectas: Sé que esto debe ser frustrante para ti... No te metas en líos y todo estará bien... Ten cuidado y no hagas nada precipitado...